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De 126 mujeres en el nuevo Congreso, sólo 13 son republicanas; ¿por qué?

Azteca América I AP Azteca América I AP

02 de enero de 2019, 07:17 hrs

congresoCapitol Hill, Washington, D.C., 30 de diciembre de 2018. Imagen: Reuters

Escrito para The Conversation por Malliga Och y Shauna Shames. Traducido por Bárbara Pérez Curiel

El Congreso número 116 será el más diverso en la historia de Estados Unidos: 126 mujeres asumirán cargos, incluyendo a 43 mujeres de color —no blancas—. Sin embargo, como muchos han notado, esta diversidad está confinada a uno de los lados del pasillo.

El número de mujeres republicanas en el Congreso de hecho disminuirá de 23 a 13. Solamente una de las 36 nuevas representantes es republicana. Así, mientras que el 2018 efectivamente fue el Año de las Mujeres, las republicanas son observadoras marginales.

Seas progresista o conservador, éstas son malas noticias. Como profesionales de la ciencia política, creemos firmemente en que tanto la democracia como el feminismo funcionan mejor cuando hay una masa crítica de mujeres en cada uno de los partidos políticos más importantes. Una democracia debería reflejar la diversidad de su sociedad. Considerando el hecho de que las mujeres conforman más de la mitad de la población de Estados Unidos, pero únicamente el 23% del Congreso, la democracia del país ya subrepresenta a las mujeres. En el caso de las mujeres republicanas, la disparidad es aún más pronunciada.

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Cerca de la mitad de las mujeres de este país votan regularmente por candidatos republicanos. Por ejemplo, Donald Trump consiguió el 41% del voto de las mujeres en 2016, y Mitt Romney se llevó el 44% en 2012. No obstante, el número de republicanas, tanto candidatas como electas, se ha estancado en alrededor del 15% en las dos últimas décadas y ahora está disminuyendo.

Esto importa por muchas razones.

Las mujeres del Partido Republicano aumentan el valor del proceso democrático

En primer lugar, las mujeres republicanas, tanto votantes como legisladoras, suelen tener posturas y prioridades políticas distintas de las de sus homólogos hombres. Mujeres republicanas electas han contribuido con votos cruciales a la hora de establecer políticas. Por ejemplo, las republicanas hablaron fuerte y claro cuando respaldaron la reautorización de la Ley sobre Violencia contra la Mujer de 1993 el año pasado. Las congresistas republicanas también han sido capaces de hablar sobre la condición de ser mujer de un modo con el que sus colegas conservadores pueden relacionarse. Además, han establecido compromisos bipartidistas con mujeres demócratas en las últimas décadas.

De forma más general, investigaciones han mostrado que las mujeres en ambos lados del pasillo proveen excelentes servicios a constituyentes y son legisladoras más eficaces que los hombres. En otras palabras, que las mujeres se concentren principalmente en un partido representa un problema para todos los que vivimos en distritos republicanos –y para la democracia de modo más general–.

Republicanas enfrentan mayores obstáculos

Entonces, ¿qué se puede hacer?

Lo más importante es desterrar el mito que dice que el declive del número de mujeres en el Partido Republicano es resultado de una "guerra contra las mujeres" por parte de los conservadores, en la que los republicanos se esfuerzan activamente por mantener a las mujeres fuera del partido. Más bien, nuestra investigación muestra que las mujeres republicanas enfrentan mayores obstáculos en comparación con las mujeres demócratas o los hombres republicanos.

En primer lugar, las republicanas tienen un acceso más limitado que los hombres del partido para acceder a financiamiento de campañas en la etapa primaria, crucial, en la cual las cifras de financiamiento se leen como señales de la viabilidad de los candidatos. 

Tanto en lo que concierne a las donaciones individuales como al financiamiento del Comité de Acción Política, o PAC (por sus siglas en inglés), el panorama es desolador para las republicanas. En 2018, las mujeres del Partido Republicano recaudaron aproximadamente 19 millones de dólares donados por otras mujeres. Comparemos esa cifra con los 159 millones de dólares que consiguieron las candidatas demócratas de donaciones de mujeres.  

Uno de los principales problemas para las republicanas es su falta de acceso a una red establecida y bien financiada de PAC. Mientras que las demócratas tienen EMILY’s List, que respalda a candidatas del partido a favor del derecho de las mujeres a elegir si continuar o no con un embarazo (pro-choice), así como muchos otros PAC bien financiados para mujeres progresistas, los PAC para las conservadoras se encuentran fragmentados y subfinanciados. Un comité homólogo a EMILY’s List es el Susan B. Anthony List (SBA), el cual apoya a candidatos antiaborto, ya sean hombres o mujeres. En 2018, EMILY’s List gastó casi 69 millones de dólares para respaldar a mujeres demócratas a favor de la posibilidad de elegir. En cambio, el SBA List gastó alrededor de 799,000 dólares para apoyar a candidatos antiaborto, incluyendo hombres demócratas y republicanos

Además de la limitación de fondos, los PAC a los que tienen acceso las conservadoras carecen de visibilidad y viabilidad. WISH List, que apoya a republicanas a favor de la posibilidad de elección flaqueó a los diez años, y el ShePAC, a los dos años.

Investigaciones conducidas por las politólogas Rosalyn Cooperman y Melody Crowder-Meyer muestran que pocos donadores del Partido Republicano se han enterado de estos esfuerzos. La poca visibilidad y los fondos limitados implican que el respaldo de alguno de esos PAC es de poca importancia en comparación con el respaldo de EMILY’s List, el cual se interpreta generalmente como una señal de viabilidad y da pie a la entrada de donaciones de otras fuentes.

Otros esfuerzos para incrementar el número de mujeres republicanas tales como el establecimiento del Proyecto GROW, del Comité Nacional Republicano del Congreso –cuyas siglas en inglés significan "Growing Republican Opportunities for Women” ("Oportunidades Republicanas Crecientes para Mujeres")– también se han quedado cortos. En su papel como la primera presidenta del  Comité Nacional Republicano del Congreso, la representante por Nueva York, Elise Stefanik, reclutó a más de cien mujeres para contender como candidatas republicanas. Sólo una de ellas ganó.

En segundo lugar, las republicanas se enfrentan a un problema de base. Usualmente, los candidatos comienzan contendiendo por cargos locales o estatales antes de lanzarse por un escaño del Congreso federal. Sin embargo, a partir del 2018, solamente el 37.6% de las legisladoras estatales de todo el país son republicanas. Un menor número de republicanas en cargos menores implica un número menor de republicanas en la contienda por el Congreso. Ahora bien, esta falta de una buena plataforma no responde a la falta de ambición. La politóloga de Kenyon College Abbie Erler demostró que las mujeres del Partido Republicano son tan ambiciosas como las demócratas; no obstante, las republicanas suelen vivir en estados en las que las oportunidades estructurales son limitadas, lo que significa que las delegaciones congresionales son pequeñas y los triunfos son pocos.

En tercer lugar, los republicanos rechazan la "política de identidad". Como lo muestra la politóloga de la Western Washington University Cathy Wineinger, el Partido Republicano suele enfatizar el individualismo, el conservadurismo social, una economía de libre mercado y la seguridad nacional. Los republicanos desestiman las demandas, impulsadas por ciertos grupos, de representación relacionadas con temas de identidad o diversidad, mismas que el Partido Demócrata acoge. Esta inclinación ideológica obstaculiza las discusiones internas sobre la importancia de elegir a mujeres para cargos públicos, y dificulta la posibilidad de estableces mecanismos positivos para abordar la falta de mujeres en el partido.

Por estas razones, Stefanik aboga por la importancia de un nuevo PAC conservador para mujeres. Está en lo correcto cuando identifica el paso más importante para conseguir la elección de más mujeres: financiamiento temprano y apoyo logístico en las primarias. Sin una entidad que provea entrenamiento, acceso a personal de campaña experimentado y recaudación de fondos, el Partido Republicano no podrá corregir jamás su déficit de mujeres.

A largo plazo, ser el partido de los hombres blancos es una estrategia demográfica que les augura el fracaso a los republicanos. Más importante aún es el hecho de que la democracia depende del debate de múltiples puntos de vista por parte de gente diversa. No queremos sugerir que tendría que haber una igualdad numérica perfecta todo el tiempo; sin embargo, las desigualdades tendrían que rotar, no estancarse. Para conseguir una gobernanza representativa legítima, cada partido necesita un núcleo fuerte de mujeres en cargos de elección. El Gobierno estadounidense y su sistema para gobernar estarían mejor con más mujeres a ambos lados del pasillo.

Encuentra el artículo original en The Conversation