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El cuento del reloj biológico no es tan grave como nos han hecho pensar; ¿hasta qué edad podemos embarazarnos realmente?

Andrea Escobar Andrea Escobar

08 de febrero de 2019, 21:49 hrs

reloj biológico
Oportunidades laborales se pierden, relaciones tóxicas se mantienen y sueños se olvidan cuando sentimos que arrancó la cuenta regresiva. Imagen: Pixabay / Twitter

Un fantasma recorre el mundo femenino: el fantasma del reloj biológico

Conforme las mujeres que hemos decidido no formar una familia nos acercamos a los 30 años, empieza a sentirse una tensión en el aire.  Cuestionamientos internos, o de otros, respecto a los hijos empiezan a hacerse notar, sembrando en nosotras miedo por imponente amenaza: hay un punto de no retorno. Tal vez, si esperamos mucho, será demasiado tarde y tendremos que vivir con el anhelo eterno de haber sido madres. 

Esta premisa resulta sumamente determinante en la vida de las mujeres alrededor del mundo. Decisiones personales importantes muchas veces son tomadas en función de este calendario que nos fue asignado desde pequeñas. Oportunidades laborales se pierden, relaciones tóxicas se mantienen y sueños se olvidan cuando sentimos que arrancó la cuenta regresiva. 

Sin embargo, distintos estudios comprueban que el panorama no es tan dramático como imaginamos y que, más bien, la idea del reloj biológico, nacida en los años setenta gracias a un artículo del Washington Post, ha crecido como una como una bola de nieve, alimentada principalmente por los medios de comunicación, conformándose como un pilar más del control de la vida de las mujeres. 

En un artículo de 2013 de The Atlantic, la periodista Jean M. Twenge expuso las cuestionables bases que sustentan la idea del reloj biológico. De acuerdo con Twenge, muchos documentos médicos actuales sobre la fertilidad femenina mencionan que una de cada tres mujeres entre 35 y 39 años no podrá quedar embarazada en el primer año de intentarlo. La periodista investigó el origen de dicha cifra y descubrió que viene de un estudio publicado en 2004 que a su vez está basado en registros médicos franceses de 1670 a 1830. O sea que como dice Twenge: "Se dice a millones de mujeres cuándo deben tener hijos basándose en estadísticas de un tiempo anterior a la electricidad, antibióticos y los tratamiento de fertilidad."

Por otra parte, un estudio, realizado en 2004 por David Dunson, analizó las probabilidades de quedar embarazada con un grupo muestra de 770 mujeres europeas. Los resultados arrojaron que teniendo sexo dos veces por semana, 82% de las mujeres de entre 35 y 39 años conciben naturalmente antes de un año, al igual que el 86% de aquellas que tienen entre 27 a 34 años.

Es decir, sin duda hay un deceso en las probabilidades de un embarazo mientras mayores seamos, pero aparentemente la caída no es tan dramática como nos han contado. 

Ahora, algo muy importante e injusto: la mitad de los problemas de fecundidad entre parejas se deben al hombre, cuya fertilidad también decrece con la edad, pero ese no parece ser un estigma que aceche las vidas masculinas. 

Otro miedo común al embarazo tardío son las probabilidades de tener un hijo con anomalías cromosómicas (como es el caso del Síndrome de Down) que sin duda se elevan mientras las mujeres envejecen, pero aún así son sumamente bajas: 99% de los fetos de madres de 35 años son cromosómicamente normales y la cifra únicamente se reduce a 97% para las madres de 40 años. 

Otro punto importante: tener hijos más grande puede significar ofrecerles mejores oportunidades

La edad promedio de la primera maternidad ha aumentado considerablemente en el último siglo en Estados Unidos; en el 2000 era de 24.9 años y para el 2014 ya había subido a 26.3. Esto ha despertado la curiosidad científica sobre las implicaciones —sobretodo cognitivas— de este cambio en los niños.  

En un estudio comparado del Diario Internacional de Epidemiología se analizaron resultados de las capacidades cognitivas de niños de 10 y 11 años en Reino Unido arrojados por tres estudios diferentes: uno de 1958, otro de 1970 y finalmente uno del 2000. En los dos primeros hubo asociaciones negativas entre madres de 35 a 39 años y la capacidad cognitiva de sus hijos, que fueron peor evaluados que los de madres de 25 a 29 años. Sin embargo, las cifras se invirtieron para el año 2000, cuando los hijos de madres mayores obtuvieron mucho mejores resultados que los de madres menores. 

¿Qué pudo haber cambiado? Los investigadores concluyeron que las condiciones socioeconómicas de mujeres que tienen hijos mayores han cambiado mucho. Antes, una mujer que se embarazaba después de los 30 años probablemente ya tenía hijos anteriores y posiblemente pertenecía a un estrato social más vulnerable. Ahora, las mujeres que deciden tener hijos mayores suelen tener grados de escolaridad más altos y mejores posibilidades económicas. 

Otro estudio, éste de la Universidad de Aarhus, en Dinamarca —enfocado en los rasgos psicológicos de los niños— arrojó que las madres mayores frecuentemente son más pacientes y menos estrictas con sus hijos, lo que resulta en menos  problemas emocionales y de comportamiento en los niños. "El bienestar emocional tiende a mejorar con la edad" dijo a The New York Times Tea Trillingsgaard, psicóloga de la universidad. 

Esto no significa que ser madre siendo mayor resulte en hijos mejor capacitados, sino que demográficamente las mujeres que esperan más tiempo antes de ser madres suelen tener mejores privilegios socioeconómicos para la crianza de sus hijos, lo que puede resultar en un mejor desarrollo cognitivo. 

En resumen, no hay un momento perfecto para decidir ser madre. Cada edad está acompañada de retos y dificultades, pero por lo pronto no debemos dejarnos engañar por esta retórica alarmista de tener "fecha de expiración" porque ser madre siendo mayor también ofrece muchos beneficios. 

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