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A sus 85 años no puede mantenerse, quitaron su comedor comunitario y quedó completamente desamparado

Julieta RUiz Julieta RUiz

19 de marzo de 2019, 20:48 hrs

José Honorio Medina Gaspar, de 85 años de edad, se ha quedado desamparado. Su edad y enfermedades le han impedido moverse a trabajar para poder alimentarse y alimentar a su hija, de 40 años, y quién nació con un problema mental.

El purépecha y su familia, eran beneficiarios de uno de los 460 comedores comunitarios en México que cerraron por indicaciones del presidente del país, Andrés Manuel López Obrador.

El caso de José fue difundido por el periódico mexicano El Universal. Jordy Arres Hernández, excoordinador en Michoacán de Comedores Comunitarios, informó que en dicha entidad, había más de 41,000 beneficiarios del programa, incluyendo a Don José y su hija.

Sin embargo, éste no es el único caso de desamparo tras la decisión del presidente de cerrar los comedores, pues alrededor de 19,539 niños, 9,659 adolescentes, 825 mujeres embarazadas, 6,164 adultos mayores y 8,483 personas sin empleo, eran beneficiarios.

Un par de papas y un poco de maíz, el alimento que debe durar varias semanas para José y Lupita

Fue el 8 de diciembre de 2016 cuando la Secretaría de Desarrollo Social puso en marcha el comedor comunitario 16-0459 en la comunidad indígena de Santa Fe de la Laguna, en el municipio de Quiroga de la capital michoacana. 

Para José, ese comedor comunitario se convirtió, durante dos años, en la única manera de sobrevivir no solo para del, sino también para sus dos hijos con discapacidad.

El propio hombre de cabello cano, contó a El universal que hace muchos años falleció su esposa, y desde entonces, tiene la responsabilidad de Lupita y Joel, sus dos hijos que nacieron con discapacidades mentales.

Desde pequeño, José se dedicó a la alfarería; sin embargo la edad, la muerte de su esposa y el cuidado de sus hijos le imposibilitaron seguir trabajando en ello. 

Según dijo, la vida le cobró la factura de su edad hasta dejarlo casi imposibilitado para realizar cualquier actividad que le permita trabajar para mantenerse y dar de comer a su familia. Actualmente, su hijo Joel murió y José debe hacerse cargo no solo de él, sino también de su hija. 

La última vez  que él y Lupita probaron alimentos de ese comedor comunitario fue a finales de enero pasado. Desde entonces, no han vuelto a comer con regularidad, excepto algunas ocasiones ocasiones cuando es requerido para hacer faena en el campo, actividad por la que le pagan 50 pesos la jornada.

José vive en un cuarto al final de una vivienda en la que un familiar le permite estar y, cerca de ahí tiene un improvisado taller para elaborar piezas de barro, en donde intentó volver a moldear sus artesanías.

Cuanto lo llaman a faena, puede comprar tortillas y frijoles. Cuando no, busca cómo obtener algo para alimentar a su hija. Según reportó el periódico, José tiene un par de papas y un poco de maíz en una vasija de plástico, alimento que debe durar varias semanas para el y Lupita. 

“Así la estoy pasando ahora y qué le vamos a hacer. Ya no nos van a volver a dar de comer y que hacemos, Ya no nos queda nada, pues ya no hay donde ir a comer”, dijo a El Universal.

Del comedor comunitario que los alimentó por dos años solo quedan algunos muebles viejos, una cubeta y una tina desgastadas y sucias. 

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